Walter Tournier

El otro por si mismo

La frase de Jean Baudrillard resulta útil para pensar, desde la dualidad, la personalidad y la obra de Walter Tournier, como cineasta, maquinista, diseñador, artesano, escultor o arquitecto. Esa multiplicidad de aspectos bajo los cuales es capaz de presentarse (aunque el eje de su trayectoria sea la animación cinematográfica) esta contrarrestada por una “mismidad” esencial: todas sus creaciones proceden de una misma comunión entre intelecto y manualidad. La inmanencia de la factura manual es el afinado tamiz por el cual Tournier logra pasar desde siempre todo lo que hace. No importa la escala. Ya sean los Tatitos como otros tantos personajes de sus marionetas animadas, ya sea la estructura arquitectónica de madera y vidrio con la que concibió y construyo su propio taller, todo responde a ese productivo consorcio de oficio técnico y fertilidad creadora.
Las construcciones en madera y metal que ahora se exponen son un resultado directo de esa dialéctica. Una vez realizado el boceto a lápiz sobre papel, la materialización es un tema exclusivamente de tiempo (siempre breve). En esas piezas dialogan la suave curvatura de maderas trabajadas hasta la tersura y la meticulosa orfebrería de estructuras de alambre, ambas al servicio de una geometría sensible, equilibrada. Conservan cierta resonancia del estereotipo escultórico tradicional, cierta vocación monumental en modelo reducido, pero son objetos cuya autonomía estética no deviene de la fidelidad a un determinado material ni de la concepción espacio-temporal propias del escultor, sino de una lógica creativa diferente, de una deriva artístico-artesanal que recorre diversas técnicas y materiales confiada en la posibilidad de (re)producir físicamente los dictados de la imaginación. Sin vanidad y con humilde asombro de si mismo, Tournier confiesa que ya no existen, para el, obstáculos que le impidan lograrlo.

Gabriel Peluffo Linari